Fundación para la Libertad de Prensa - FLIP

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Guillermo León Agudelo fue asesinado el 30 de noviembre del 2000 en Florencia, Caquetá. Guillermo era periodista de la emisora La Voz de la Selva, que para ese momento estaba afiliada a la cadena radial Caracol.

El 30 de noviembre del 2000, tres sicarios ingresaron a la vivienda de Guillermo y lo asesinaron. Inicialmente se creyó que las FARC era responsable del homicidio, pues en su espacio radial, Guillermo respaldaba al partido Conservador. Sin embargo, las autoridades no han logrado esclarecer el caso que aún permanece en investigación.

En la FLIP, no olvidamos a Guillermo y hacemos un llamado para que su caso no permanezca en total impunidad. Gracias por recordar con nosotros.

 

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Rodrigo Ahumada fue periodista y fundador de la emisora Radio Galeón y Galeón TV, programadora que lo convirtió en uno de los fundadores de Telecaribe. El 26 de septiembre de 1991 fue atacado. Recibió dos impactos de bala, que lo dejaron hospitalizado por doce días, hasta que finalmente murió en Santa Marta, Magdalena.

El hermano de Rodrigo, Antonio Ahumada, estaba con él el día del atentado, por lo que logró reconocer y denunciar a los autores materiales del homicidio. Sin embargo, él también fue asesinado.

En la FLIP no olvidamos la labor periodística de Rodrigo y reconocemos sus esfuerzos por mantener informada a la población samaria. Gracias por recordar con nosotros. 

 

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Hace 21 años fue asesinado el periodista Gustavo Ruíz Cantillo en el municipio de Pivijay, Magdalena. Antes de su asesinato, fue amenazado por su trabajo periodístico. Luego de más de dos décadas, la Fiscalía mantiene en reserva la información sobre el caso.  

Gustavo era un periodista empírico, apasionado por el oficio y la investigación. Llevaba 10 años trabajando como corresponsal de Radio Galeón, medio de comunicación de Santa Marta, Magdalena donde diariamente hacía cubrimientos para el noticiero Mi Radioperiódico. 

“Él los reportajes los hacía desde Pivijay y llamaba a Radio Galeón desde la plaza de mercado, era el único lugar aquí donde había teléfono público. A veces tenía que estar viajando a la emisora, pero él casi todos los días informaba lo que pasaba desde acá”, cuenta su hermana. 

Los reportajes y noticias que Gustavo emitía abordaban temas como la presencia y control de grupos paramilitares en el municipio, corrupción, inseguridad, deficiencias del servicio de electricidad y la demora del pago de salarios a docentes. Sus emisiones tenían una amplía audiencia, y así, empezó a convertirse en un periodista reconocido en la región. 

A causa de sus informes, Gustavo comenzó a recibir amenazas en las que le advertían que debía detener su actividad periodística. “Aquí no podía haber periodistas, porque estábamos en la era de las AUC y ellos no querían a personas como él en Pivijay; le habían dicho que dejara de contar todo lo que pasaba en el municipio”, explica la hermana de Gustavo, quien además dice que su hermano jamás les contó sobre las amenazas, porque de lo contrario habrían hecho lo necesario para sacarlo de allí. 

A sus 39 años, el miércoles 15 de noviembre del 2000, Gustavo fue asesinado en la plaza de mercado de Pivijay, mientras recolectaba información para el noticiero.

En la FLIP, no olvidamos las denuncias periodísticas de Gustavo y su labor por mantener informada a la región del Caribe colombiano. Gracias por recordar con nosotros. 

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Gabriel Cruz Díaz fue asesinado por desconocidos hace 26 años en Chinú, Córdoba. Gabriel fue corresponsal de los diarios El Universal de Cartagena, El Heraldo y El Espectador, y trabajó en emisoras como Panzenú, La Voz de Corozal Y Radio Piragua. Antes de su asesinato, el periodista estaba escribiendo un libro sobre los ataques militares contra las personas de izquierda en la región.

El caso del asesinato de Gabriel prescribió en 2015 sin que las autoridades identificaran a los responsables de su homicidio. Hoy, se cumplen 26 años de su muerte y en la FLIP reconocemos sus esfuerzos y el de todos y todas las periodistas que han sido asesinados en Colombia por denunciar las irregularidades y problemas en sus regiones. 

Gracias por recordar con nosotros.

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Oswaldo Regino Pérez fue asesinado el 11 de noviembre de 1988, tras denunciar las primeras masacres paramilitares en Córdoba. El periodistas abrió sus micrófonos a las comunidades más vulnerables del departamento. Iba de pueblo en pueblo, denunciando las precariedades a las que se enfrentaba la comunidad. Oswaldo trabajó en las emisoras La Voz de Montería y Radio Panzenú, y además fue corresponsal de El Universal de Cartagena y jefe de prensa de la Gobernación de Córdoba.

El martes 11 de octubre de 1988, en el corregimiento Los Pericos, zona rural de Montería, Córdoba, Oswaldo fue asesinado presuntamente por las Autodefensas Unidas de Colombia. Su caso prescribió en 2008 y hoy, 33 años después de su muerte, no hay condenas en contra de los responsables del crimen. 

En la FLIP, recordamos la trayectoria periodística de Oswaldo y recordamos sus esfuerzos por dar voz a las personas más vulnerables de su región. Gracias por recordar con nosotros.

 

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El periodista Alejandro Jaramillo Barbosa fue presidente de la Asociación Colombiana de Periodistas (ACP) y cronista del Diario del Sur. Un día como hoy, hace 24 años, fue asesinado en Pasto, Nariño. El 24 de octubre de 2017, el caso de Alejandro prescribió en completa impunidad sin que las autoridades identificaran a los responsables del crimen. 

El periodista del diario El Caleño, Fernando Abadía, recuerda a Alejandro como uno de los periodistas más destacados de la crónica roja en la región. “Antes de trabajar en el Diario del Sur, Alejandro era el encargado de las noticias judiciales en el periódico El Caleño de Cali. En la década de 1970, dictó clases de periodismo junto a Evaristo Bugallo y tuve la oportunidad de aprender de los dos. Era un periodista extraordinario”, señaló Abadía. 

Para Jorge Carvajal, colega de Alejandro en el periódico Occidente de Cali y del Diario del Sur, Alejandro fue un cronista ejemplar que guió su carrera dentro y fuera de la redacción. “Alejandro me aconsejó mucho. Recuerdo que un día, a eso de la 1:00 p.m., llamaron de una empresa de transporte y nos informaron que había una maleta extraña. Cuando la abrí, había una cabeza adentro. Me asusté mucho, pero junto a él aprendí cómo asumir los gajes del oficio”, recordó Carvajal.

Antes de su muerte, Alejandro fue hostigado y amenazado por las investigaciones y relatos que realizó como parte de su oficio periodístico. En 1984, el periodista fue víctima de un atentado en Cali, Valle del Cauca y tiempo después abandonó su cargo como director del diario El Caleño. Al parecer, en sus últimos reportajes, Alejandro había denunciado las actividades ilícitas de los carteles del narcotráfico en Colombia. 

El viernes 24 de octubre de 1997, Alejandro de 67 fue reportado como desaparecido por sus familiares. Días después, partes de su cuerpo fueron halladas en diferentes puntos de la ciudad. La crueldad de su asesinato dejó un mensaje amedrantandor para la prensa de la región. Pese al llamado de varias organizaciones para investigar y judicializar a los autores de su homicidio, el caso de Alejandro prescribió hace cuatro años sin que nadie fuera judicializado por el crimen. 

En la FLIP, no olvidamos la labor periodística de Alejandro y recordamos a los y las periodistas que han sido asesinados a causa de su labor investigativa para contar y denunciar lo que sucede en las diferentes regiones del país. 

Gracias por recordar con nosotros.

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El 18 de octubre de 1996, el periodista Norvey Díaz Cardona fue asesinado en Girardot, Cundinamarca. Norvey era director y fundador del noticiero radial “Rodando barrios” en la emisora regional Radio Colina y, durante seis años, fue hostigado y amenazado por las   denuncias periodísticas que realizó. Hace cinco años su caso prescribió en total impunidad. 

 

Una vida periodística hostigada  

Durante 1990, el periodista Norvey Díaz estuvo denunciado ante la opinión pública el asesinato masivo de habitantes de calle, recicladores y presuntos raponeros en Girardot. Norvey aseguró en sus reportajes que esta serie de crímenes respondía a la “limpieza social” que estaría haciendo un grupo ilegal denominado “Muerte a ladrones y bazuqueros” que, a través de avisos pintados en las paredes, amenazó con asesinatos selectivos. 

Además, según Norvey, algunos miembros de la Policía Nacional estarían implicados en las masacres, por lo que decidió denunciar los homicidios ante la Personería, la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría y la Fiscalía. En consecuencia, varios policías  fueron investigados, pero las autoridades no determinaron la relación entre los agentes y estos asesinatos, de modo que ningún funcionario policial fue hallado culpable.

Sin embargo, a partir de ese momento, Norvey empezó a recibir amenazas e intimidaciones que pretendían silenciar su voz. En varias oportunidades, llegaron a la puerta de su casa coronas fúnebres con su nombre y cartas en las que lo amenazaban de muerte. Ante esto, el periodista empezó a abordar otros temas de investigación , en su mayoría relacionados con el orden público y la administración de recursos públicos de  la alcaldía de Girardot. 

Hasta 1996, Norvey no dejó de recibir amenazas y hostigamientos que intimidaron su ejercicio periodístico. Un día como hoy, hace 25 años, el periodista fue asesinado en Ricaurte, Cundinamarca a sus 42 años. La Fiscalía jamás determinó quién podría estar detrás del homicidio, por lo que su caso prescribió en 2016 en total impunidad. 

Para la fecha de publicación de este artículo nuestro equipo FLIP no ha podido contactar a colegas o personas cercanas a Norvey. Si usted lo conoció o tiene pistas de quiénes pudieron haber tratado con él, puede escribirnos a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

En la FLIP, no olvidamos a los y las periodistas que como Norvey han sido asesinados por denunciar las irregularidades administrativas y las violaciones a los derechos humanos en sus regiones.

Gracias por recordar con nosotros.

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El 14 de octubre de 2010, el comunicador y líder indígena Rodolfo Maya Aricape fue asesinado en Caloto, Cauca. Rodolfo era periodista de Radio Payumat, secretario del Cabildo Indígena de López Adentro e integrante de la Escuela del Tejido de Comunicaciones NASA ACIN.

 

Un periodista que rechazó la presencia de grupos armados en la región

Rodolfo era el penúltimo de los siete hijos de la familia Maya Aricape. A sus 12 años, dejó el municipio de Caldono, Cauca y, en compañía de dos de sus hermanas mayores, viajó a Bogotá para finalizar sus estudios de bachillerato. En la capital, trabajó como ayudante en una ensambladora de automóviles y en una carpintería. Sin embargo, tras 10 años lejos de su comunidad, regresó a Cauca para apoyar el proceso de organización indígena de su región.

Al volver a Cauca, Rodolfo integró el movimiento juvenil Álvaro Ulcué Chocué, una colectividad que buscaba posicionar a los jóvenes Nasa dentro de la esfera política en el municipio de Corinto, Cauca. Años más tarde, Rodolfo ingresó a la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN) como secretario del Cabildo Indígena del resguardo de López Adentro. A la vez,  se desempeñó como coordinador de la Escuela del Tejido de Comunicaciones y comunicador en Radio Payumat.

El liderazgo y compromiso con el que asumió la tarea de informar a la población, lo convirtió en un periodista reconocido dentro de la comunidad indígena Nasa. “Siempre estaba con su cámara capturando momentos en familia, tomando fotos y grabando en eventos y marchas. Una de sus motivaciones fue el apoyo de la comunidad frente a sus procesos de comunicación”, recuerda su hija, Xiomara Maya.

Desde 2009, Rodolfo estuvo liderando las comunicaciones del pueblo Nasa. Sus notas informativas y reportajes denunciaban la presencia de grupos armados en los territorios, el reclutamiento de jóvenes y la amenaza a líderes indígenas. “Era muy espontáneo al hablar, identificándose con el proceso de la comunidad. Por eso Rodolfo empezó a denunciar los atropellos del mismo gobierno y de los actores armados legales e ilegales que se disputaban el territorio”, señala su hermano, Diego Maya.

 

El silencio que dejó el conflicto

En septiembre de 2010, los pronunciamientos periodísticos de Rodolfo empezaron a generar malestar en los grupos armados que rodeaban la zona. Dos semanas antes de su muerte, Rodolfo recibió una amenaza en la que, además, fue señalado como miembro de la guerrilla. “En las paredes de un colegio del municipio, aparecieron unos escritos en los que lo señalaban de ser cabecilla de la guerrilla. Había un número de teléfono y una recompensa de 20 millones. Él alcanzó a denunciar este hecho”, cuenta el hermano del periodista. 

A pesar de que esta amenaza fue puesta en conocimiento de las autoridades, con 36 años, Rodolfo fue asesinado el jueves 14 de octubre de 2010, en Caloto, Cauca. Alrededor de las 4:30 p.m., dos sicarios que iban en una moto lo abordaron en la puerta de su casa y silenciaron su voz. Hoy, once años después de su asesinato, la Fiscalía continúa en indagaciones por su homicidio, pero nadie ha sido responsabilizado por el crimen

En la FLIP, no olvidamos a los comunicadores indígenas que, como Rodolfo, han sido asesinados por denunciar la violación de derechos humanos en sus comunidades y hacemos un llamado a la Fiscalía para que su caso no quede en la impunidad.

Gracias por recordar con nosotros. 

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El 5 de octubre de 2003, el locutor radial José Nel Muñoz, fue asesinado en la vereda La Libertad, en Puerto Asís, Putumayo. Hoy, dieciocho años después de su muerte, se desconocen los responsables de su homicidio, por lo que el caso permanece en total impunidad.

A causa de su desaparición, su esposa y un grupo de periodistas se unieron en su búsqueda. El 6 de octubre de 2003, su cuerpo fue hallado sin vida. Hasta el momento, su caso permanece en la impunidad, pues la Fiscalía no ha determinado quiénes fueron los responsables de su homicidio. 

En la FLIP, recordamos las labores comunicativas de José Nel y hacemos un llamado para que su caso sea investigado, pues está a dos años de prescribir en total impunidad. Gracias por recordar con nosotros.

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Dos semanas después del asesinato de Marcos Efraín Montalvo, en Tuluá, Valle del Cauca, existen indicios suficientes para sostener que su homicidio está relacionado con las denuncias que él hacia sobre corrupción y bandas criminales locales.

La Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) conoce que la Unidad Especial de Investigación de la Fiscalía ha desplegado acciones investigativas que indican que el asesinato fue determinado por las denuncias hechas por Marcos Efraín bajo su calidad de periodista.

Esta línea investigativa coincide con la información recogida por la FLIP durante la misión que realizó a Tuluá. Después de entrevistar a decenas de familiares, periodistas y autoridades locales, se confirmó que Marcos se mantenía activo en su trabajo como periodista y que su voz crítica y de denuncia le generaban un alto riesgo.

Sin embargo, y a pesar de esta línea de trabajo y de que el caso está siendo priorizado por un equipo especializado de la Fiscalía, desde la FLIP advertimos que existen dificultades técnicas en la investigación y que los esfuerzos aún no dan cuenta de un resultado concreto y preciso sobre los móviles que condujeron al asesinato de Marcos Efraín.

La falta de confianza por parte de las y los ciudadanos en las instituciones puede dificultar que se recaben testimonios determinantes para esclarecer las circunstancias que rodearon los hechos. La Fiscalía debe acudir a todos los medios de prueba para efectuar una  investigación en un plazo razonable, evitando dilaciones que conduzcan a la impunidad. Una demora excesiva en la investigación de actos de violencia puede constituir por sí misma una violación de las garantías judiciales.

Por otro lado, advertimos nuestra preocupación frente a la ambigüedad que ha mostrado el alcalde de Tuluá, John Jairo Gómez, con declaraciones que le restan relevancia al trabajo y a las denuncias que realizaba Marcos. El alcalde Gómez debe adoptar un discurso público que contribuya a prevenir la violencia contra periodistas. Después de un hecho tan sensible para el gremio, la Alcaldía municipal está llamada a establecer acciones dirigidas a incrementar el respeto y respaldo al ejercicio periodístico.

Cabe recordar que Marcos era ampliamente conocido por sus fuertes críticas a la gestión del alcalde Gómez, así como por sus denuncias de irregularidades y corrupción en la Secretaría de Tránsito.

El asesinato de Marcos Efraín es una tragedia para la comunidad de Tuluá. La ciudadanía perdió una voz crítica y reflexiva, que se valía de su destacada pluma para escribir, durante décadas, sobre diferentes asuntos de interés público. Marcos también inspiró a varios periodistas, reflejando principios sobre el papel del reportero y de la importancia del periodismo como contrapoder, que lo convirtieron en uno de los principales referentes del periodismo local y regional.

Desde la FLIP seguiremos acompañando a los familiares de Marcos en su lucha por conseguir justicia y mantendremos una especial vigilancia frente a los avances en la investigación. 

Publicado en Pronunciamientos
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