Fundación para la Libertad de Prensa - FLIP

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El 15 de agosto desconocidos robaron un computador del equipo periodístico de Rutas del Conflicto. El equipo contenía información altamente sensible sobre víctimas en actuales procesos de restitución de tierras. Una situación similar se presentó en abril de 2017 en las instalaciones de la Fundación Fahrenheit 451, donde se robaron dos computadores y una tablet. Según los videos de seguridad que registraron lo sucedido en cada lugar, los responsables en ambos casos serían las mismas personas. 

La Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) expresa su preocupación por estos robos y hace un llamado a las autoridades para que determinen si se trata de un ataque sistemático por parte de los agresores para acceder a información sensible.

El robo a Rutas del Conflicto tuvo lugar el pasado miércoles 15 de agosto, durante el lanzamiento del proyecto “Tierra en Disputa” en Bogotá. Durante el evento, desconocidos robaron uno de los computadores del equipo periodístico, que contenía información sensible de las fuentes de información, investigaciones realizadas por los miembros del portal web y datos personales de los periodistas de la redacción. 

Según los reporteros y las evidencias del video de seguridad aportado por las organizaciones, los responsables de los robos serían un hombre y una mujer que se hicieron pasar como asistentes al evento. Luego de que la desconocida distrajo la atención del equipo periodístico, el hombre tomó el computador que estaba en una mesa cerca a la salida y abandonó el lugar en pocos segundos. 

De igual modo en abril de 2017, durante un conversatorio público organizado por la Fundación Fahrenheit 451, un hombre y una mujer ingresaron al evento y hurtaron dos computadores y una Tablet, en los que había información periodística de su director Javier Osuna, quien desde 2014 ha sido víctima de amenazas, robos y daños a equipos electrónicos por su trabajo investigativo en Norte de Santander.    

Durante el proceso de documentación, la FLIP encontró inusuales similitudes en la forma de operar de los agresores. Luego de contactar a las dos organizaciones, fue posible identificar que en ambos robos participaron una mujer y un hombre con características físicas similares. La evidencia más importante es un gesto particular que hace uno de los ladrones cuando simula estar atendiendo una llamada en el momento del robo:

Fotograma del robo a la Fundación Fahrenheit 451 Fotograma del robo a Rutas del Conflicto

El fotograma de la izquierda fue captado el día del robo en la Fundación Farhenheit 451. El de la derecha corresponde al día del robo a Rutas del Conflicto. En ambas fotografías es posible identificar una postura particular del agresor cuando sujeta con su mano izquierda el teléfono móvil mientras simula atender una llamada. 

Las dos organizaciones afectadas también notaron similitudes en la forma de operar de los agresores, quienes se acercaron a los organizadores de los dos eventos, se ganaron su confianza para distraerlos y posteriormente cometieron el hurto. Adicionalmente, en los dos robos había más elementos de valor de fácil acceso que fueron ignorados por los ladrones. 

Horas después de que se cometieran ambos robos, las dos organizaciones recibieron una alerta de intento de ingreso a la cuenta de correo electrónico de Javier Osuna y al administrador de contenidos de Rutas del Conflicto.

Para la FLIP es indispensable que la Fiscalía establezca si existe una relación entre ambos hechos más allá de haber sido cometidos por las mismas personas y el haber obtenido en ambos casos información periodística altamente sensible.

Según la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos: “la protección de las fuentes periodísticas es una de las condiciones básicas para la libertad de prensa. (…) La ausencia de esa protección podría disuadir a las fuentes de colaborar con la prensa para informar a la población sobre asuntos de interés público.”    

 

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El 14 de junio de 2018 la residencia de Juan José Hoyos, columnista y colaborador de El Colombiano, fue asaltada por desconocidos. Cuando el periodista llegó a su vivienda en Medellín encontró destruida la cerradura de la puerta del apartamento y, al revisar sus objetos personales, notó que habían robado su computador, un disco duro, una cámara de video y una cámara fotográfica. 

A pesar de que en el apartamento del reportero había otros artículos de valor, los desconocidos solo se llevaron los equipos que contenían información periodística. Dos empresas de seguridad que evaluaron los hechos le manifestaron a Hoyos que, por las características del robo, era posible inferir que los responsables no eran ladrones comunes, sino expertos que habían hecho un asalto selectivo. La puerta del apartamento asaltado era de seguridad, blindada, de acero y de un peso aproximado de 120 kilos.

La FLIP ha podido establecer que los equipos que fueron robados contenían información sensible relacionada con investigaciones judiciales que involucran a dirigentes políticos del país.

Esta no es la primera vez que el material periodístico de Hoyos es robado. En el año 2006, ocho personas encapuchadas con armamento de alto calibre ingresaron a la casa del reportero, amarraron a las personas que se encontraban allí y esperaron sin éxito la llegada del periodista, quien se encontraba ausente. Los desconocidos robaron el material periodístico que encontraron en la vivienda y presionaron a los familiares del periodista para que entregaran unos documentos de similar naturaleza a los que contenían los equipos que fueron robados en el último asalto.

Con la finalidad de proteger la integridad del periodista y la confidencialidad de sus fuentes, la Fundación se abstiene de hacer públicos detalles sobre el tipo de información contenida en los documentos robados y los nombres de los dirigentes políticos que podrían verse afectados por dicha información.

La FLIP condena estos actos de persecución e intimidación contra Juan José Hoyos que atentan contra su derecho a informar y el derecho de los ciudadanos a estar informados sobre asuntos de interés en Colombia. Así mismo, la Fundación acompañará al periodista haciendo seguimiento y evaluación a su situación y presentará denuncias formales ante las instancias pertinentes para que se proteja su vida y el desarrollo de su labor periodística.

La FLIP también ha puesto estos hechos en conocimiento de la Unidad Nacional de Protección y espera que la entidad otorgue medidas efectivas de emergencia para salvaguardar la integridad del periodista.

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La Fundación para la Libertad de Prensa -FLIP- condena el hurto del que fue víctima Édinson Bolaños, periodista de El Espectador y Colombia 2020, en la ciudad de Ibagué.

Hoy, 13 de enero, Bolaños se encontraba en un restaurante en el sector Alto de Gualanday, Ibagué, en compañía del esquema de seguridad proporcionado por la Unidad Nacional de Protección. Mientras ellos estaban en el establecimiento, desconocidos rompieron el vidrio de la camioneta en la que se movilizaban y se llevaron un bolso en el que estaba un computador portátil, dos discos duros, libretas de apuntes, una grabadora y el carné del diario. A pesar de que en el vehículo había otras maletas, los delincuentes -según los testigos eran dos hombres- se llevaron únicamente los elementos periodísticos.

Según informó el periodista, días atrás estaba realizando labores de reportería como parte de una investigación del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) “Aldemar Gaitán”. Él, junto a su esquema, se movilizaban del Cauca hacia Bogotá y decidieron detenerse en Ibagué para almorzar. Bolaños no realizó actividades periodísticas en el departamento del Tolima.

La FLIP expresa su preocupación por la gravedad de este ataque. Esta situación pone en riesgo al periodista ya que puede implicar seguimientos de personas interesadas en afectar su seguridad y robar su información. Sumado a lo anterior, estos hechos son de extrema gravedad ya que se pone en riesgo el secreto profesional y la seguridad de las fuentes y del reportero. Según el relato de Bolaños, en los equipos y libretas robadas había información sensible como datos personales de sus fuentes, datos y croquis de las ETCR y de otra investigación acerca de minería en el Cauca.

Este no es el primer ataque en contra de Bolaños por su trabajo periodístico. En noviembre de 2015 fue víctima de amenazas de muerte por una investigación acerca de cómo la minería artesanal en el municipio de Buenos Aires había sido cooptada por una empresa foránea. En ese momento la situación de seguridad de Bolaños empeoró y se vio obligado a dejar el departamento de Cauca. Además, en 2016 la familia del periodista fue víctima de intimidaciones en su lugar de residencia.

La FLIP hace un llamado urgente a la Fiscalía General de la Nación y a la Policía Nacional a que investiguen con celeridad estos hechos y sancionen a los responsables. Teniendo en cuenta la gravedad de la situación, la Fundación solicita a la UNP que fortalezca las medidas de seguridad necesarias de manera inmediata para salvaguardar al periodista.

De acuerdo a lo anterior, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su Declaración de principios sobre libertad de expresión dispuso: “(…) la destrucción material [o robo] de los medios de comunicación, viola los derechos fundamentales de las personas y coarta severamente la libertad de expresión. Es deber de los Estados prevenir e investigar estos hechos, sancionar a sus autores y asegurar a las víctimas una reparación adecuada.”

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La Fundación para la Libertad de Prensa -FLIP- rechaza y condena el robo del que fue víctima la Agencia de Prensa Rural en Bogotá.

El 25 de octubre, en la madrugada, delincuentes ingresaron a la casa de la Corporación para el desarrollo de la educación y la investigación social (Corpeis), violentaron las entradas y se dirigieron únicamente a la oficina de Prensa Rural. Allí robaron un computador Mac, un disco duro y un kit de luces. Los periodistas fueron informados por el personal de seguridad cuando la alarma se activó.

El robo podría ser un ataque dirigido ya que los delincuentes no tomaron objetos de valor de otras oficinas, atravesaron toda la edificación y llegaron hasta el lugar donde está ubicada la sede de Prensa Rural, en el segundo piso. De acuerdo con la información que logró obtener la FLIP, para llegar hasta las instalaciones del medio se debe conocer con exactitud su ubicación e identificar el momento apropiado para ingresar.   

A pesar de que en el computador no había información sensible, en el disco duro sí estaban guardadas maquetas de trabajos que está realizando la Agencia. Prensa Rural ha estado trabajando en varios proyectos relacionados con la construcción de memoria en algunos departamentos del país, el proceso de erradicación de coca, el encuentro nacional de víctimas de la Unión Patriótica y el encuentro nacional de Reserva Campesina.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su Declaración de principios sobre libertad de expresión dispuso:  “la destrucción material [o robo] de los medios de comunicación viola los derechos fundamentales de las personas y coarta severamente la libertad de expresión. Es deber de los Estados prevenir e investigar estos hechos, sancionar a sus autores y asegurar a las víctimas una reparación adecuada”.

La Fundación rechaza estos intentos de censurar a un medio alternativo y el robo de información sensible. Los responsables del robo pueden acceder a la información de Agencia de Prensa Rural y así se violaría el secreto profesional. La seguridad de los reporteros y de sus fuentes pueden estar en riesgo.

La FLIP insta a la Fiscalía General de la Nación y a la Policía Nacional a que investigue los hechos y así se pueda hacer justicia con las sanciones adecuadas. La Fundación le solicita, además, a la Unidad Nacional de Protección (UNP) que inicie el estudio de riesgo a la Agencia de Prensa Rural con el fin de determinar las medidas apropiadas para proteger las instalaciones del medio.

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La Fundación para la Libertad de Prensa rechaza el atraco a la editora Laura Ardila, en la ciudad de Valledupar.

El pasado 29 de abril, a las 11 de la noche, hombres armados que viajaban en motocicletas, asaltaron a Laura Ardila, editora en Barranquilla del portal investigativo La Silla Vacía. Cuando Ardila se disponía a bajar del taxi, los hombres le quitaron su bolso y dos teléfonos celulares, uno propiedad del medio y el particular de la periodista. Al día siguiente del robo, un hombre se comunicó con la persona que estaba hospedando a Ardila para decirle que tenía su teléfono y se lo quería devolver.

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