Fundación para la Libertad de Prensa - FLIP

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El 18 de octubre de 1996, el periodista Norvey Díaz Cardona fue asesinado en Girardot, Cundinamarca. Norvey era director y fundador del noticiero radial “Rodando barrios” en la emisora regional Radio Colina y, durante seis años, fue hostigado y amenazado por las   denuncias periodísticas que realizó. Hace cinco años su caso prescribió en total impunidad. 

 

Una vida periodística hostigada  

Durante 1990, el periodista Norvey Díaz estuvo denunciado ante la opinión pública el asesinato masivo de habitantes de calle, recicladores y presuntos raponeros en Girardot. Norvey aseguró en sus reportajes que esta serie de crímenes respondía a la “limpieza social” que estaría haciendo un grupo ilegal denominado “Muerte a ladrones y bazuqueros” que, a través de avisos pintados en las paredes, amenazó con asesinatos selectivos. 

Además, según Norvey, algunos miembros de la Policía Nacional estarían implicados en las masacres, por lo que decidió denunciar los homicidios ante la Personería, la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría y la Fiscalía. En consecuencia, varios policías  fueron investigados, pero las autoridades no determinaron la relación entre los agentes y estos asesinatos, de modo que ningún funcionario policial fue hallado culpable.

Sin embargo, a partir de ese momento, Norvey empezó a recibir amenazas e intimidaciones que pretendían silenciar su voz. En varias oportunidades, llegaron a la puerta de su casa coronas fúnebres con su nombre y cartas en las que lo amenazaban de muerte. Ante esto, el periodista empezó a abordar otros temas de investigación , en su mayoría relacionados con el orden público y la administración de recursos públicos de  la alcaldía de Girardot. 

Hasta 1996, Norvey no dejó de recibir amenazas y hostigamientos que intimidaron su ejercicio periodístico. Un día como hoy, hace 25 años, el periodista fue asesinado en Ricaurte, Cundinamarca a sus 42 años. La Fiscalía jamás determinó quién podría estar detrás del homicidio, por lo que su caso prescribió en 2016 en total impunidad. 

Para la fecha de publicación de este artículo nuestro equipo FLIP no ha podido contactar a colegas o personas cercanas a Norvey. Si usted lo conoció o tiene pistas de quiénes pudieron haber tratado con él, puede escribirnos a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

En la FLIP, no olvidamos a los y las periodistas que como Norvey han sido asesinados por denunciar las irregularidades administrativas y las violaciones a los derechos humanos en sus regiones.

Gracias por recordar con nosotros.

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El 14 de octubre de 2010, el comunicador y líder indígena Rodolfo Maya Aricape fue asesinado en Caloto, Cauca. Rodolfo era periodista de Radio Payumat, secretario del Cabildo Indígena de López Adentro e integrante de la Escuela del Tejido de Comunicaciones NASA ACIN.

 

Un periodista que rechazó la presencia de grupos armados en la región

Rodolfo era el penúltimo de los siete hijos de la familia Maya Aricape. A sus 12 años, dejó el municipio de Caldono, Cauca y, en compañía de dos de sus hermanas mayores, viajó a Bogotá para finalizar sus estudios de bachillerato. En la capital, trabajó como ayudante en una ensambladora de automóviles y en una carpintería. Sin embargo, tras 10 años lejos de su comunidad, regresó a Cauca para apoyar el proceso de organización indígena de su región.

Al volver a Cauca, Rodolfo integró el movimiento juvenil Álvaro Ulcué Chocué, una colectividad que buscaba posicionar a los jóvenes Nasa dentro de la esfera política en el municipio de Corinto, Cauca. Años más tarde, Rodolfo ingresó a la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN) como secretario del Cabildo Indígena del resguardo de López Adentro. A la vez,  se desempeñó como coordinador de la Escuela del Tejido de Comunicaciones y comunicador en Radio Payumat.

El liderazgo y compromiso con el que asumió la tarea de informar a la población, lo convirtió en un periodista reconocido dentro de la comunidad indígena Nasa. “Siempre estaba con su cámara capturando momentos en familia, tomando fotos y grabando en eventos y marchas. Una de sus motivaciones fue el apoyo de la comunidad frente a sus procesos de comunicación”, recuerda su hija, Xiomara Maya.

Desde 2009, Rodolfo estuvo liderando las comunicaciones del pueblo Nasa. Sus notas informativas y reportajes denunciaban la presencia de grupos armados en los territorios, el reclutamiento de jóvenes y la amenaza a líderes indígenas. “Era muy espontáneo al hablar, identificándose con el proceso de la comunidad. Por eso Rodolfo empezó a denunciar los atropellos del mismo gobierno y de los actores armados legales e ilegales que se disputaban el territorio”, señala su hermano, Diego Maya.

 

El silencio que dejó el conflicto

En septiembre de 2010, los pronunciamientos periodísticos de Rodolfo empezaron a generar malestar en los grupos armados que rodeaban la zona. Dos semanas antes de su muerte, Rodolfo recibió una amenaza en la que, además, fue señalado como miembro de la guerrilla. “En las paredes de un colegio del municipio, aparecieron unos escritos en los que lo señalaban de ser cabecilla de la guerrilla. Había un número de teléfono y una recompensa de 20 millones. Él alcanzó a denunciar este hecho”, cuenta el hermano del periodista. 

A pesar de que esta amenaza fue puesta en conocimiento de las autoridades, con 36 años, Rodolfo fue asesinado el jueves 14 de octubre de 2010, en Caloto, Cauca. Alrededor de las 4:30 p.m., dos sicarios que iban en una moto lo abordaron en la puerta de su casa y silenciaron su voz. Hoy, once años después de su asesinato, la Fiscalía continúa en indagaciones por su homicidio, pero nadie ha sido responsabilizado por el crimen

En la FLIP, no olvidamos a los comunicadores indígenas que, como Rodolfo, han sido asesinados por denunciar la violación de derechos humanos en sus comunidades y hacemos un llamado a la Fiscalía para que su caso no quede en la impunidad.

Gracias por recordar con nosotros. 

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El 5 de octubre de 2003, el locutor radial José Nel Muñoz, fue asesinado en la vereda La Libertad, en Puerto Asís, Putumayo. Hoy, dieciocho años después de su muerte, se desconocen los responsables de su homicidio, por lo que el caso permanece en total impunidad.

A causa de su desaparición, su esposa y un grupo de periodistas se unieron en su búsqueda. El 6 de octubre de 2003, su cuerpo fue hallado sin vida. Hasta el momento, su caso permanece en la impunidad, pues la Fiscalía no ha determinado quiénes fueron los responsables de su homicidio. 

En la FLIP, recordamos las labores comunicativas de José Nel y hacemos un llamado para que su caso sea investigado, pues está a dos años de prescribir en total impunidad. Gracias por recordar con nosotros.

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Dos semanas después del asesinato de Marcos Efraín Montalvo, en Tuluá, Valle del Cauca, existen indicios suficientes para sostener que su homicidio está relacionado con las denuncias que él hacia sobre corrupción y bandas criminales locales.

La Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) conoce que la Unidad Especial de Investigación de la Fiscalía ha desplegado acciones investigativas que indican que el asesinato fue determinado por las denuncias hechas por Marcos Efraín bajo su calidad de periodista.

Esta línea investigativa coincide con la información recogida por la FLIP durante la misión que realizó a Tuluá. Después de entrevistar a decenas de familiares, periodistas y autoridades locales, se confirmó que Marcos se mantenía activo en su trabajo como periodista y que su voz crítica y de denuncia le generaban un alto riesgo.

Sin embargo, y a pesar de esta línea de trabajo y de que el caso está siendo priorizado por un equipo especializado de la Fiscalía, desde la FLIP advertimos que existen dificultades técnicas en la investigación y que los esfuerzos aún no dan cuenta de un resultado concreto y preciso sobre los móviles que condujeron al asesinato de Marcos Efraín.

La falta de confianza por parte de las y los ciudadanos en las instituciones puede dificultar que se recaben testimonios determinantes para esclarecer las circunstancias que rodearon los hechos. La Fiscalía debe acudir a todos los medios de prueba para efectuar una  investigación en un plazo razonable, evitando dilaciones que conduzcan a la impunidad. Una demora excesiva en la investigación de actos de violencia puede constituir por sí misma una violación de las garantías judiciales.

Por otro lado, advertimos nuestra preocupación frente a la ambigüedad que ha mostrado el alcalde de Tuluá, John Jairo Gómez, con declaraciones que le restan relevancia al trabajo y a las denuncias que realizaba Marcos. El alcalde Gómez debe adoptar un discurso público que contribuya a prevenir la violencia contra periodistas. Después de un hecho tan sensible para el gremio, la Alcaldía municipal está llamada a establecer acciones dirigidas a incrementar el respeto y respaldo al ejercicio periodístico.

Cabe recordar que Marcos era ampliamente conocido por sus fuertes críticas a la gestión del alcalde Gómez, así como por sus denuncias de irregularidades y corrupción en la Secretaría de Tránsito.

El asesinato de Marcos Efraín es una tragedia para la comunidad de Tuluá. La ciudadanía perdió una voz crítica y reflexiva, que se valía de su destacada pluma para escribir, durante décadas, sobre diferentes asuntos de interés público. Marcos también inspiró a varios periodistas, reflejando principios sobre el papel del reportero y de la importancia del periodismo como contrapoder, que lo convirtieron en uno de los principales referentes del periodismo local y regional.

Desde la FLIP seguiremos acompañando a los familiares de Marcos en su lucha por conseguir justicia y mantendremos una especial vigilancia frente a los avances en la investigación. 

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Martes, 28 September 2021 09:29

José Darío Arenas: ocho años de impunidad

El 28 de septiembre de 2013 fue asesinado el voceador de prensa José Darío Arenas en Caicedonia, Valle del Cauca, mientras vendía ejemplares del diario EXTRA del Quindío. Hoy, ocho años después de su muerte, se desconocen los responsables de su homicidio. 

José Darío era el único voceador del periódico EXTRA del Quindío en Caicedonia. Llevaba alrededor de cuatro meses repartiendo y anunciando los principales titulares en la región. 

El día de su asesinato, estuvo vendiendo los diarios que incluían una noticia sobre unas supuestas irregularidades por parte de funcionarios del INPEC en la cárcel de Caicedonia. 

El asesinato de José Darío habría sido una intimidación hacia el peródico EXTRA del Quindío por haber publicado las denuncias del centro penitenciario. Poco tiempo después del  homicidio, una de las fuentes de información recibió una llamada amenazante en la que le dijeron que “ya había caído el primero”.

Giovanna Vanegas, amiga de José Darío asegura que “su muerte fue provocada por su oficio de vocero. Lo quisieron callar por sacar la verdad a la luz. Su asesinato dejó al pueblo frío, él era un hombre trabajador, no tenía problemas con nadie”.

José Darío es recordado por Giovanna como un hombre carismático y alegre que, además de repartir periódicos, era su mejor amigo. “Nosotros vivíamos en el mismo barrio. Hace un tiempo hubo escasez de agua por esa zona y él trajo agua a mi casa. Desde ahí nos convertimos en mejores amigos, nuestra amistad era inigualable, éramos muy unidos”, cuenta Giovanna. 

Con 29 años, José Darío era padre de tres hijos. “Él me decía que soñaba con celebrar los 15 años de su niña, pero no lo dejaron, le arrebataron la vida”, afirma Giovanna.  

En la FLIP no olvidamos a José Darío Arenas, quien con carisma y entusiasmo, informó a la población de Caicedonia. Hacemos un llamado para que su caso no prescriba sin que sea debidamente investigado. 

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El 20 de septiembre de 2004, el voceador de prensa Jairo Alberto Madero Muñoz fue asesinado en Santa Marta, Magdalena por un desconocido mientras repartía ejemplares de periódicos locales y nacionales.

Hoy, diecisiete años después de su muerte, el caso de Jairo permanece en la impunidad, pues la Fiscalía se abstuvo de continuar con las investigaciones

En la FLIP, no olvidamos a las y los voceros de prensa que han sido asesinados en Colombia por distribuir la información que los actores del conflicto armado han querido ocultar. Gracias por recordar con nosotros.

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En Granada, Meta, Arsenio Hoyos Lozano era el director de la emisora La Voz del Ariari. El 13 de septiembre de 1991, mientras el periodista se dirigía a las instalaciones del medio, un sicario lo asesinó. Su caso prescribió en 2011, sin que se conociera a los responsables del homicidio. 

 

Un líder cívico memorable

En 1980, Arsenio fue capitán del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Granada pero, a causa del nombramiento que recibió como alcalde del municipio por dos años, tuvo que renunciar. Alfonso Castaño, amigo del periodista, recuerda la buena gestión de Arsenio, a pesar de que “esa fue la época en la que los alcaldes todavía se nombraban por decreto por parte del Gobernador”. 

El periodista fue reconocido en la comunidad granadina por su liderazgo y activismo político con él que ayudó a resolver los problemas de los y las habitantes del municipio.  

 

La Voz del Ariari

Tras finalizar su mandato, Arsenio se dedicó al ejercicio periodístico y dirigió la emisora La Voz del Ariari. Allí cada mañana presentaba el Noticiero del Ariari, un magacín en el que estuvo acompañado por el redactor deportivo Mario Fernando Ramírez. 

De acuerdo con su colega, Ernesto Martínez Manrique, “el manejo de información política dentro del noticiero le dio reconocimiento en la comunidad, pues destacaba los aspectos relevantes de candidatos y seguidores de los diferentes partidos y movimientos de la época en Granada”. 

Además, según Martínez, Arsenio era amante de los encuentros entre comunicadores y líderes comunales, pues “para él la radio era un espacio importante para acercarse a las comunidades, sobre todo para la búsqueda de solución a las necesidades de cada localidad”. 

Arsenio es recordado como un periodista imparcial, comprometido con su deber de informar a la región. “Se limitaba a dar la noticia. De pronto daba voz a las campañas cívicas de esa época, pero fue muy transparente”, asegura su amigo Alfonso Castaño. 

 

Crimen impune

El viernes 13 de septiembre de 1991, un desconocido asesinó a Arsenio mientras iba a las instalaciones de la emisora La Voz del Ariari. Hasta ahora, se desconocen los motivos y  responsables del homicidio. Su caso prescribió en 2011, aún cuando la FLIP, IFEX (Red de Intercambio Internacional por la Libertad de Expresión) y la Sociedad Interamericana de Prensa exigieron a la Fiscalía adelantar investigaciones que sancionaran a los autores del crimen. 

En la FLIP, recordamos a Arsenio y a los y las periodistas que han sido silenciados y cuyos crímenes han quedado en la impunidad. 

 

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Carlos José Restrepo Rocha fue periodista en el periódico Usocoello al Día y fundador de Tangente, el primer periódico que circuló en San Luis, Tolima. Hoy se cumplen 21 años de su muerte.

La investigación de la Fiscalía señalaba al exalcalde como el determinador del homicidio. Sin embargo, Acosta nunca fue condenado por este crimen y fue declarado inocente por parte del Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de Ibagué.  No obstante, a causa de sus nexos y financiación con dinero de grupos paramilitares, en 2010 Acosta fue sentenciado a siete años de cárcel por concierto para delinquir. 

En la primera versión de esta cápsula, mencionamos que el exalcalde Acosta era el responsable de este crimen. Después de hacer algunas verificaciones, confirmamos que no existen condenas en su contra por este homicidio.

En la FLIP no olvidamos a Carlos José ni sus iniciativas por mantener informada a la población de San Luis. Gracias por recordar con nosotros.

 

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El 13 de agosto del 2020 una bala de fusil atravesó los campos de caña del municipio de Corinto, Cauca, hiriendo de muerte a Abelardo Liz Cuetía, un comunicador indígena. Tras un año de ocurrido, el crimen está impune y su familia sigue sin la respuesta a la pregunta: ¿Quién mató al comunicador de Nación Nasa Stereo? ¿Porqué y de donde vino la bala?

También puedes escucharlo en Google y Apple.

 

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Uriel Ríos Tamayo era periodista de la emisora Radio Ciudad Milagro en Armenia, Quindío. El 30 de agosto de 1979, un desconocido lo asesinó. Hoy, 42 años después de su muerte, aún no se conoce a los responsables ni los motivos de su homicidio. Su caso prescribió en total impunidad.  

Uriel era una de las voces deportivas más escuchadas de la región. De acuerdo con su colega, Roberto Jairo Botero, Uriel era un periodista apasionado por los micrófonos y la narración. “En esa época, presentaba partidos que hicieron historia. Él conseguía las alineaciones de los equipos de 10 años atrás, o sea, de la década del 60, ponía un efecto de público como si estuviera en un estadio y hacía el simulacro de narrar el partido en vivo”, señala Roberto. 

En sus emisiones de los domingos al mediodía, Uriel tenía una audiencia fidelizada, en una época en la que la radio era el medio de comunicación con mayor alcance ante la ausencia de la televisión e internet. Roberto recuerda que, “Él repitió, por ejemplo, el 4-4 de Colombia versus Rusia en el mundial de Chile en 1962. Lo narraba como si estuviera en el estadio. Era un excelente narrador”.

Su voz lo convirtió en uno de los periodistas más reconocidos de Armenia. Según su colega, “Uriel era muy inteligente. Estaba acelerado a toda hora pero era muy dedicado y tenía una vocación innata por el periodismo deportivo”. 

Hasta ahora, se desconoce qué motivó el asesinato de Uriel. No hubo capturas ni señalamientos de los responsables por parte de las autoridades. Su caso permanece en la impunidad. 

En la FLIP no olvidamos a los y las periodistas deportivos que han sido silenciados y reconocemos su esfuerzo por llevar entretenimiento a sus audiencias. Gracias por recordar con nosotros.

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