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A sus 68 años Marcos Efraín Montalvo estaba lejos de retirarse del periodismo. Todas las mañanas se levantaba, tomaba su desayuno y escuchaba las noticias en la radio. Con frecuencia iba al Concejo municipal para enterarse de lo que sucedía en la política de su municipio: Tuluá, Valle del Cauca. Luego acudía a alguna cafetería para entrevistarse con sus fuentes, quienes le proporcionaban y corroboraban la información que él posteriormente publicaba en su página de Facebook. Antes de su asesinato, escribió críticas en contra de la administración local, denunció problemas de tránsito y de delincuencia. 

Montalvo fue asesinado el 19 de septiembre del 2021. Un hombre en una moto le disparó mientras él se encontraba en una tienda a la que iba casi todas las tardes. “Lo asesinaron en su lugar favorito”, comenta Mauricio Altamirano, sobrino de Montalvo. Las y los periodistas de la zona ya sabían que lo podían encontrar allí, por lo que acudían a su encuentro para pedirle consejos de todo tipo, desde cómo hacer un derecho de petición hasta cómo abordar cierto tema. Montalvo más que solo un comunicador, fue un maestro y referente para generaciones de periodistas en la región.

La vida de un periodista

En sus últimos diez años de vida, Montalvo se dedicó a publicar de forma independiente en un blog de Facebook. Escribía columnas de opinión e informaba a la comunidad sobre asuntos de política, el tema que desde el inicio de su carrera le apasionó. Empezó en el periodismo a los 17 años. Apenas se había graduado como bachiller, cuando se presentó y pasó a una convocatoria del diario El País de Cali para unirse a la redacción de política. “Él siempre contaba esa anécdota, porque se presentaron alrededor de cincuenta o sesenta personas y algunas ya contaban con experiencia o con un título de periodistas”, afirma Altamirano.

Montalvo presenció la violencia contra la prensa desde el inicio de su carrera. Luego de trabajar con El País se unió al equipo de El Caleño, para ocupar el lugar que dejó uno de los editores que fue asesinado por la corrupción política. Años después, en 1987, ejerció como asesor de prensa de un congresista; fue cuando recibió sus primeras amenazas. Le exigieron que se fuera de Cali y que no volviera a trabajar para los medios de esa ciudad.

La familia de Montalvo nunca lo cuestionó por su trabajo ni tampoco lo persuadió para que dejara de publicar temas que podían implicarle riesgos. Sin embargo, era consciente de la exposición que tenía al ser periodista, “decía que para qué tenía hijos si su profesión era de mucho riesgo”, recuerda Altamirano.

De vuelta a Tuluá

Montalvo regresó a inicios de la década del noventa a Tuluá y empezó a trabajar en el periódico El Tabloide. Para Altamirano, cuando su tío llegó a la redacción de ese diario las ventas despegaron “porque él hacía opinión y creaba historias como de realismo mágico”. Era un periodista agudo, que se esforzaba siempre por criticar a los poderosos. Escribió con sátira y en algunas ocasiones, cuando el tema podía ser peligroso, publicaba bajo algún alias.

Montalvo se destacaba dentro de sus compañeros por ser incisivo con los líderes políticos y funcionarios públicos. Ese talante se vio reflejado cuando hizo que el presidente Alfonso López Michelsen le respondiera preguntas a la prensa. Estaban en el aeropuerto y Michelsen evadía a todos los periodistas que intentaban cuestionarlo, hasta que escuchó la voz de Montalvo que le increpaba: “es una lástima que no vayamos a saber lo que opina de las declaraciones de Lleras Restrepo”. El presidente se dio la vuelta, miró al periodista y le respondió a él y a los demás comunicadores. 


Con el paso del tiempo, Montalvo empezó a notar la falta de un relevo generacional de periodistas en Tuluá, así que emprendió el proyecto de una escuela de periodismo local. Era un cazatalentos, pero sobre todo un profesor. Uno de sus muchos pupilos fue Jorge Adrián Orozco, quien desde jóven lo tuvo como referente, pues creció escuchando su voz en el noticiero radial. Orozco conoció a “Marquitos”, como le decían de cariño sus estudiantes, cuando recién se había graduado del colegio. Montalvo lo invitó a trabajar en el diario El Mercurio y en la emisora Antena 2. “Marquitos siempre creyó en la gente jóven, a mí me llevó a hacer reportería comunitaria, porque él era un periodista de a pie”, señala Orozco.

Montalvo, que era un hombre desprendido de las posesiones materiales, que ayudaba a los periodistas más jóvenes que no tenían recursos. Si alguien, por ejemplo, no tenía una grabadora, él le regalaba la suya. A sus estudiantes les enseñaba a captar detalles rápidamente, a hacer preguntas incómodas en las entrevistas y, sobre todo a tener ética y ser independientes. “Nos enseñó a descubrir la noticia donde muchos creían que no había nada”, cuenta el periodista Orozco. 

Septiembre del 2021

Seis meses antes de su muerte, Montalvo empezó a recibir amenazas a través de las redes sociales. No le comentó a muchas personas, varios de sus colegas más cercanos no tenían idea de la situación que atravesaba el periodista. Altamirano, su sobrino, notó cambios en su comportamiento, por ejemplo, empezó a tomar transporte público, en vez de desplazarse a pie, como solía hacerlo. Un año después de su homicidio, muy poco se ha vuelto a hablar de este crimen, de alguna forma el silencio se apoderó del municipio. 

Los avances en la justicia también han sido lentos. Uno de los sicarios ya fue condenado y otro está en proceso de judicialización. Sin embargo, la investigación de la Fiscalía aún no ha encontrado a las o los determinadores del crimen, algo fundamental para que se pueda saber las motivaciones detrás del homicidio de Montalvo.

La voz, pensamientos y enseñanzas de Montalvo siguen viviendo en los periodistas que aprendieron del oficio gracias a él. Su legado también permanecerá en su público, en las personas que siguieron su carrera en búsqueda de un periodismo que se preocupara por la gente, sin autocensuras y sin miedos. 

Publicado en Noticias

Dos semanas después del asesinato de Marcos Efraín Montalvo, en Tuluá, Valle del Cauca, existen indicios suficientes para sostener que su homicidio está relacionado con las denuncias que él hacia sobre corrupción y bandas criminales locales.

La Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) conoce que la Unidad Especial de Investigación de la Fiscalía ha desplegado acciones investigativas que indican que el asesinato fue determinado por las denuncias hechas por Marcos Efraín bajo su calidad de periodista.

Esta línea investigativa coincide con la información recogida por la FLIP durante la misión que realizó a Tuluá. Después de entrevistar a decenas de familiares, periodistas y autoridades locales, se confirmó que Marcos se mantenía activo en su trabajo como periodista y que su voz crítica y de denuncia le generaban un alto riesgo.

Sin embargo, y a pesar de esta línea de trabajo y de que el caso está siendo priorizado por un equipo especializado de la Fiscalía, desde la FLIP advertimos que existen dificultades técnicas en la investigación y que los esfuerzos aún no dan cuenta de un resultado concreto y preciso sobre los móviles que condujeron al asesinato de Marcos Efraín.

La falta de confianza por parte de las y los ciudadanos en las instituciones puede dificultar que se recaben testimonios determinantes para esclarecer las circunstancias que rodearon los hechos. La Fiscalía debe acudir a todos los medios de prueba para efectuar una  investigación en un plazo razonable, evitando dilaciones que conduzcan a la impunidad. Una demora excesiva en la investigación de actos de violencia puede constituir por sí misma una violación de las garantías judiciales.

Por otro lado, advertimos nuestra preocupación frente a la ambigüedad que ha mostrado el alcalde de Tuluá, John Jairo Gómez, con declaraciones que le restan relevancia al trabajo y a las denuncias que realizaba Marcos. El alcalde Gómez debe adoptar un discurso público que contribuya a prevenir la violencia contra periodistas. Después de un hecho tan sensible para el gremio, la Alcaldía municipal está llamada a establecer acciones dirigidas a incrementar el respeto y respaldo al ejercicio periodístico.

Cabe recordar que Marcos era ampliamente conocido por sus fuertes críticas a la gestión del alcalde Gómez, así como por sus denuncias de irregularidades y corrupción en la Secretaría de Tránsito.

El asesinato de Marcos Efraín es una tragedia para la comunidad de Tuluá. La ciudadanía perdió una voz crítica y reflexiva, que se valía de su destacada pluma para escribir, durante décadas, sobre diferentes asuntos de interés público. Marcos también inspiró a varios periodistas, reflejando principios sobre el papel del reportero y de la importancia del periodismo como contrapoder, que lo convirtieron en uno de los principales referentes del periodismo local y regional.

Desde la FLIP seguiremos acompañando a los familiares de Marcos en su lucha por conseguir justicia y mantendremos una especial vigilancia frente a los avances en la investigación. 

Publicado en Pronunciamientos