Fundación para la Libertad de Prensa - FLIP

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A mediados del año 93, Iván Pelayo, un joven de 24 años de edad, oriundo de Hato Corozal, Casanare, llegó al municipio vecino de Puerto Rondón para crear la emisora cultural Llanorámica Estéreo. El 17 de agosto de 1995, cuando el periodista se encontraba en la cabina de la emisora, un comando de la guerrilla del ELN lo asesinó. Los guerrilleros dejaron volantes en los que acusaban a Pelayo de tener nexos con los paramilitares. 

Pelayo conocía el potencial cultural que había en la región de los Llanos Orientales y, por eso, desde su emisora “se enfocó en resaltar e impulsar a los artistas musicales (...) dio a conocer a declamadores y compositores que necesitaban ser reconocidos”, explica Alberto, colega del periodista que pidió que su nombre real no fuera revelado.

A sus 16 años, Alberto conoció a Pelayo, quien se convertiría en su maestro en el periodismo. Alberto empezó aprendiendo a hacer cuñas radiales y, muy pronto, era capaz de presentar todo un programa musical. Lo que era una posibilidad remota para él, se convirtió en una labor gracias a las enseñanzas de su amigo Pelayo. 

Cada mañana, el periodista saludaba a su audiencia con un "vaya, vaya". Pelayo tenía buen humor y es recordado como una persona que, además, tenía vocación para colaborar con los demás, especialmente con los jóvenes. 

El 17 de agosto de 1995, Pelayo fue asesinado por dos sicarios en el local donde funcionaba el medio de comunicación. “Dijeron que él tenía vínculos con un grupo llamado los Masetos, que es filial de los paramilitares”, explica su colega. Este grupo armado operó desde los Llanos Orientales y fue un capítulo del grupo Muerte a Secuestradores (MAS), creado por los jefes del Cartel de Medellín a principios de la década de los ochenta. 

Mediante panfletos, miembros del Ejército de Liberación Nacional (ELN), pertenecientes al Frente Domingo Laín Sáenz, se atribuyeron el asesinato del periodista. Para Alberto, la afirmación sobre los nexos de Pelayo con los Masetos es falaz, pues él nunca se relacionó con integrantes de este grupo y no cubrió orden público. Después del asesinato la emisora tuvo varios dueños, pero por la situación de seguridad del municipio y la presencia de grupos al margen de la ley, el medio tuvo que cerrar. 

Sin tener mayores avances en las investigaciones para imputar a los autores intelectuales y materiales del homicidio del periodista, en febrero de 1998 la Fiscalía Especializada de Cúcuta suspendió la investigación. Y pese a los reiterados llamados de la FLIP a la Fiscalía, el caso prescribió en el 2015.

La existencia de medios de comunicación en las regiones es fundamental para que toda la ciudadanía pueda acceder a información. En la FLIP, no olvidamos al periodista Iván Darío Pelayo que desde su labor dio a conocer artistas, representaciones culturales de los Llanos Orientales y fue la voz de su comunidad. 

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John Félix Tirado Castañeda fue locutor de la emisora Ondas del Urrá y corresponsal del Diario del Otún en Cartago, Valle del Cauca, donde cubrió casos judiciales y orden público. “Recuerdo que era un muchacho aficionado a la comunicación y sobre todo al periodismo judicial”, menciona su colega Fernando Pineda, quien en esa época era editor judicial del Diario del Otún. 

El 5 de agosto de 1992, el periodista fue asesinado frente a la Iglesia de Guadalupe por desconocidos que se transportaban en una motocicleta. En los hechos también murió un niño de ocho años.

Cartago, el municipio en el que trabajaba Tirado, es considerado uno de los epicentros de violencia en el país. Ha tenido que resistir a la invasión de los paramilitares, la guerrilla y las bandas criminales. Por eso, ejercer el periodismo investigativo y de denuncia en esta zona era un acto de pasión por la profesión. Para Pineda, también periodista, “los días de trabajo allá se convertían en un terror constante (...) estaba el narcotráfico y abundaban los hechos de violencia”

La Fiscalía 16 seccional de Cartago ordenó el 9 de agosto de 1993 la suspensión de la investigación y por ende su archivo. 20 años después del asesinato no hubo ningún avance en la búsqueda del autor y señalamiento de responsabilidades en la muerte del periodista, por lo que prescribió y quedó impune

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Monday, 25 July 2022 05:00

Dos motivos, un asesinato

Fernando Bahamón Molina fue corresponsal de El Espectador, de la cadena radial Caracol y del Noticiero 24 Horas. También se desempeñó como locutor deportivo y tenía un programa de música vallenata en la emisora La Voz de la Selva. Bahamón enfocó su profesión como periodista regional en velar por los derechos de las personas más necesitadas, narraba la situación de violencia que sucedía en el departamento y realizaba denuncias sobre la mafia de cocaína.

Desde la FLIP, conmemoramos el arduo trabajo que desempeñó el periodista Fernando Bahamón que con pasión ejerció su profesión. 

Para escuchar la historia completa, te invitamos a reproducir el siguiente video: 

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El 8 de julio del 2001 en Buenaventura, Valle del Cauca, el periodista Jorge Enrique Urbano Sánchez departía con sus amigos en el parque Néstor Urbano Tenorio cuando fue asesinado por dos individuos que huyeron en una motocicleta y dos cómplices que escaparon a bordo de una lancha rápida. Él era periodista de la Emisora Mar Estéreo y su trabajo se destacó por las denuncias en contra de la banda delincuencial Los Tumbapuertas.

Jorge Urbano será recordado entre sus amigos y colegas por ser una persona alegre, de buen porte y tenacidad. Desde la FLIP reconocemos su labor periodística de denuncia y entrega a su comunidad.

Para escuchar la historia completa, te invitamos a reproducir el siguiente video: 

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A comienzos de los años 90, el periodista Mario Prada Díaz, oriundo de Barrancabermeja, Santander, llegó al municipio de Sabana de Torres con el propósito de ejercer su profesión en medios locales. A mediados de 1999 fundó Horizonte Sabanero, un diario mensual que se dedicaba a cubrir temas de desarrollo social, cultural y comunitario, y para 2002 ya se había expandido hasta Barrancabermeja y Puerto Wilches. 

Prada también ejerció como secretario del concejo de la Unión Patriótica, lo cual conllevo estigmatizaciones y relacionamiento con la guerrilla. Sabana de Torres, a dos horas y media de Bucaramanga, padeció el conflicto armado, y para finales de los noventa y comienzos del 2000 había una disputa territorial por parte de grupos paramilitares y guerrilleros. 

Alberto Bretón, amigo cercano a Mario Prada, recuerda que como profesional estaba muy interesado en temas como la corrupción o el orden social: “un periodista que le gustaba investigar las cosas que pasaban en el municipio, le gustaba que las cosas funcionaran, pero de pronto a algunas personas no les agradaba que hablara abiertamente de ciertos asuntos”. Curiosidad o compromiso, lo cierto es que veló por los intereses y los recursos de su comunidad, “me parece que tenía buenas intenciones, pero en mi concepto era peligroso decir las cosas, no más con decirlas ya se estaba metiendo en un problema”, afirmó Bretón. 

La autocensura para él no fue nunca una opción y por eso en una publicación, que luego se convertiría en su última editorial, denunciaba el mal manejo en la administración de los recursos municipales. “Los pueblos por lo general deben tener periodistas porque a la corrupción le fascina que nadie la cuestione, es feliz cuando nadie dice nada, y los pueblos están reducidos a quedar en la calle cuando hay dirigentes corruptos que se roban todo el presupuesto y más en un municipio tan rico como lo es Sabana de Torres”, adiciona Bretón. 

“Mario era una de esas personas entregadas a decir la verdad de lo que está sucediendo, y decir la verdad en estos municipios en situaciones en las que hay actores armados es un peligro. Decir la verdad es casi ponerse en la mira de un asesino”, afirmó su amigo. En una conversación con Mario, Bretón le había aconsejado que se fuera del municipio debido a que la situación era compleja y había muchas personas que criticaban el trabajo que realizaba. 

El 10 de julio del 2002, un día antes de la desaparición del periodista, algunos medios de comunicación de la zona habían manifestado su rechazo por la intimidación a la prensa local por parte de grupos al margen de la ley, y pedían que se respetara el derecho a informar de manera libre, veraz e imparcial. El 11 de julio se dejó de tener conocimiento sobre el paradero del periodista, y al día siguiente fue hallado su cuerpo con cuatro impactos de bala en la cabeza en un sector conocido como Los Pinos. 

Con la muerte de Prada, el diario Horizonte Sabanero desapareció y este territorio se sumó a la lista de los municipios más complejos para hacer periodismo en Colombia.  

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A sus 36 años el periodista y escritor, Juan Gabriel Caro Montoya, había recorrido el mundo en busca de historias para sus reportajes, investigaciones y libros. Hoy, recordamos su trayectoria tras 32 años de su asesinato a manos de desconocidos.

Desde muy joven, Juan Gabriel salió del país para educarse en el exterior en ciudades como París, donde residió por dos años; luego se trasladó Roma, Italia. Allí, con 19 años, encontraría la manera de fusionar su pasión por la escritura y la actualidad: el periodismo. En su labor periodística trabajó para los periódicos italianos Noi Donne e Il Secolo. También hizo parte de la Asociación de Corresponsales Extranjeros, de la Agencia Slide Comunicación y fue corresponsal en Medio Oriente.  

Su trayectoria en Colombia estuvo relacionada con medios como El Siglo y el periódico El Mundo de Medellín, Antioquia donde se vinculó como columnista.  Además de contar con una amplia carrera literaria con la publicación de varios libros entre los que destacan: Los lobos en el Vaticano : los personajes y la organización que atentó contra la vida del Papa Juan Pablo II, La pensión de Marisa, Las siete vidas del bandido Josefo y Viaje hacia el olvido .

En 1989, la violencia en Colombia lo hizo regresar al país para escribir una serie de reportajes mientras visitaba a su familia en el municipio de Bello, Antioquia. De ahí, el periodista esperaba viajar a Centroamérica para escribir su próxima novela. Sin embargo, el proyecto se apagó el 17 de junio de ese año, cuando Juan Gabriel fue atacado por dos sujetos que le dispararon desde una motocicleta mientras departía con su hermano en un bar. 

En 2009, el caso prescribió ante la justicia colombiana y nadie fue judicializado por el crimen. Por ello el caso quedó en completa impunidad y se desconocen cuáles fueron los motivos que llevaron al asesinato del periodista.

Nuestro equipo FLIP no tuvo la oportunidad de contactar con amigos o familiares de Juan Gabriel. Si usted conoce a alguien que haya compartido con él, puede escribirnos al correo This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. 

En la FLIP no olvidamos a los periodistas asesinados en el país y su preocupación por contar lo que ocurre en Colombia. 

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Rodrigo Vélez Toscano recorría los municipios del Valle del Cauca en busca de historias, trabajaba como periodista y corresponsal del periódico El Caleño. Hoy, hace 33 años, fue asesinado por desconocidos que le dispararon en el municipio de Caicedonia, Valle del Cauca.

Rodrigo era un periodista que perseguía las noticias de orden público  del departamento. De acuerdo con los reportes de la FLIP, el periodista falleció el 1 de junio de 1988 a causa de los impactos de bala. En el hecho también murió el vendedor de chance, Albeiro de Jesús Quintero. 

Hasta la fecha, se desconocen los motivos que llevaron a los sujetos, que ocultaron las armas debajo de sus ruanas, a atentar contra la vida del periodista. En 2008 el proceso quedó archivado. La fallas en el proceso de investigación, llevaron a que no se recolectaran pruebas suficientes, lo que llevó a que el caso prescribiera ante la justicia colombiana sin que nadie fuera judicializado por el crimen. 

Nuestro equipo FLIP no ha podido contactar con colegas o personas cercanas a Rodrigo. Si usted lo conoció o tiene pistas de quiénes pudieron haber tratado con él, puede escribirnos a This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

En la FLIP no olvidamos a los periodistas que han sido asesinados en el país y cuyos casos quedaron sin resolver ante la justicia.

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En Cali, Valle del Cauca, el camarógrafo y editor, Abelardo Marín Pinzón, solía recorrer las  calles en busca de imágenes que retrataran la realidad de los caleños. Abelardo fue asesinado el 27 de mayo de 1994, víctima del narcotráfico

Abelardo siguió los pasos de su padre en el periodismo y a sus 26 años, usó su cámara para mostrar y dar un respaldo veraz al contenido informativo de la productora Paranova y del canal Telepacífico. Sus grabaciones lograban captar desde la cotidianidad de la comunidad, hasta el narcotráfico y situaciones de orden público. 

A inicios de 1994 Abelardo logró una grabación en donde se veía cómo operaba el narcotráfico en la ciudad, incluso se llegaban a ver varios miembros de una de las bandas. Aparentemente habrían sido estas imágenes las que detonaron el asesinato de Abelardo, quien fue atacado por sujetos que le dispararon desde una moto el 27 de mayo de ese año.

Pese a los llamados que la FLIP hizo a la Fiscalía para esclarecer los hechos y avanzar en las investigaciones, el caso prescribió en el 2014. Los autores materiales e intelectuales no fueron identificados, por lo que nadie fue judicializado por el crimen de Abelardo. 

En la FLIP no olvidamos a Abelardo y a todos los miembros de los equipos periodísticos que dedican su vida a visibilizar y evidenciar las diferentes situaciones que rodean el conflicto colombiano.

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Cada mañana, el equipo periodístico del radio noticiero La Conga entregaba a sus oyentes los análisis políticos más críticos del departamento. El programa era emitido por la emisora Voz de la Selva en Florencia, Caquetá,  y estaba conformado por Carlos Julio Rodríguez y José Libardo Méndez. Juntos se destacaron por sus comentarios agudos y críticas audaces contra funcionarios, dirigentes políticos y grupos armados. Ambos periodistas fueron asesinados hace 30 años, víctimas del conflicto en la región

Durante 10 años, Carlos y José lideraron el programa más escuchado del Caquetá. Eran más conocidos como los “congueros”, por el nombre del radio noticiero La Conga. Durante la emisión, que empezaba a las seis de la mañana, Carlos se encargaba de la sección de opinión: Conceptos Testimoniales. José se dedicaba al debate sobre temas coyunturales y acompañaba la lectura de noticias a cargo de su esposa, Judith Aristizabal.  Por la década de los noventa los periodistas ya eran blanco de amenazas, las críticas las intentaron aplacar con la entrada de Judith al noticiero.

Carlos, de 42 años, se había iniciado en el mundo del periodismo radial junto a José en la emisora Ondas del Orteguaz. Juntos también iniciaron a trabajar en la Voz de la Selva, vinculada al partido liberal. A sus 51 años, José había sido maestro, concejal de Florencia, elegido diputado suplente para la Asamblea Departamental por el partido y nombrado director del programa La Conga. 

La emisora era una plataforma de denuncia contra varios líderes políticos, religiosos y sindicales. Ante la agudeza de sus críticas, varios gremios se quejaron ante el Ministerio de Comunicaciones que sancionó al programa en dos ocasiones. Para 1984 Carlos Julio y José Libardo aumentaron las denuncias que hacían al aire y que rechazaban los ataques de la guerrilla de las FARC en Caquetá. 

En la década de los 80 el equipo continuaba con su labor pero, tras la emisión de una denuncia de José sobre un ataque guerrillero a un hospital, las amenazas se volvieron más intensas. La familia de José Libardo empezó a recibir llamadas amenazantes, mientras que en 1987, Carlos fue víctima de un atentado cuando se dirigía a la emisora. Frente a las amenazas José empezó a estar acompañado por un guardaespaldas y junto a Carlos mantuvieron su voz firme ante los micrófonos.

Pese  la intervención de Judith en el programa y la preocupación de sus familias, ambos periodistas fueron asesinados el 20 de mayo de 1991, a las cinco y media de la mañana, cuando iban saliendo desde la casa de José, ubicada en el barrio Atalaya, al sur de la ciudad. José y Carlos fueron atacados por dos hombres que se movilizaban en una moto y dispararon contra el carro de José Libardo cuando iban de salida a la emisora. Judith, quien los acompañaba para la emisión matutina, resultó herida. 

Un total de 15 personas fueron capturadas y vinculadas al crimen y aunque no hay una sentencia contra las FARC, se cree que esta guerrilla estuvo relacionada con el asesinato por sus reiteradas amenazas contra los periodistas. No obstante, el expediente fue archivado en 1994 por un fiscal en Bogotá.

Para 2011, y a pesar de  los llamados de la FLIP a la Fiscalía, el caso prescribió sin que nadie fuera judicializado por el asesinato de los periodistas de La Conga. De acuerdo con los archivos de la FLIP, Judith aseguró que en el 2007 el Palacio de Justicia de Florencia no tenía ningún registro del caso. 

Con la muerte de los periodistas, Judith prefirió abandonar los micrófonos del programa La Conga. Tras 15 años al aire y con el asesinato de varios de sus periodistas, la emisora Voz de la Selva, en aquel entonces adscrita a Caracol Radio, empezó a decaer hasta desaparecer. 

En la FLIP no olvidamos a José y a Carlos, ni tampoco el trabajo de los periodistas de La Voz de la Selva. La desaparición de medios de comunicación lesiona el derecho a la información. 

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Bernabé Cortés Valderrama era un periodista reconocido por la pericia y creatividad de sus cubrimientos en el área judicial y de orden público en el noticiero CVN en Cali, Valle del Cauca. Hoy, después de 23 años de su asesinato, recordamos su trayectoria.

Bernabé se inició en el periodismo en su natal Puerto Tejada, Cauca como voceador de periódicos. En 1982 llegó a Cali donde empezó a trabajar para RCN Radio. A sus 41 años, su larga carrera y sensibilidad en el oficio, le hizo merecedor del respeto de sus compañeros, quienes cariñosamente le llamaban “Copito” por su cabello canoso. 

El 19 de mayo de 1998, Bernabé fue atacado por un hombre que disparó en repetidas ocasiones contra el taxi en el que se movilizaba a las 11 y media de la mañana. A tan solo 4 cuadras de la sede del noticiero, tanto el periodista como el taxista, Raul Forero, perdieron la vida mientras en la ciudad de Cali se realizaba una marcha por la paz y rechazo a la violencia.

Luego de ocho meses del crimen, el Juzgado Primero Penal del Circuito de Cali vinculó a los presuntos sicarios Julio César Ospina y a Carlos Arturo, quien luego sería absuelto. En 2002, Ospina fue condenado a 40 años de cárcel y obligado a indemnizar a la familia como autor material del asesinato del periodista.  El caso prescribió en 2018, sin que fuera claro a qué grupo armado pertenecían los autores intelectuales del asesinato del periodista. 

En la FLIP no olvidamos a los periodistas que como Bernabé han sido asesinados por registrar la realidad del conflicto colombiano. Gracias por recordar con nosotros.

Para escuchar la historia completa, te invitamos a reproducir el siguiente video: 

 

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